ASOCIACIÓN PRO MÚSICA

AMADEO L. SALA

ARTÍCULOS

 

LA TORRE DEL DESTINO - IV

 

            Poniendo de nuevo la camilla en su posición original y tras desanudarle de sus ataduras, le obligaron a sentarse en la silla enfrente de ellos.

  • Teniendo toda su cronología de hechos de su vida delante de mis ojos – comenzó a decir la figura que llevaba hablando durante todo el rato - Observando todo el recorrido de su vida con detenimiento, hemos observado un par de desventuras provocadas por ciertos excesos.
  • ¿Excesos? ¿Qué tipo de excesos?
  • Lujuria, gula e ira, ¿le suenan de algo?
  • ¿Cómo? ¿A qué se refiere?
  • La lujuria respecto a sus vaivenes con las meretrices y demás placer prohibido. La gula con sus excesos con la bebida fermentada de diversa índole, y ese sentimiento de ira que tuvo con lo ocurrido con su mujer y su hija.
  • Ah, bien. – dijo Johnny con sarcasmo – O sea. Mi vida ha sido una vulgar copia de una tragicomedia, en la que solo ha faltado incesto o asesinato, ó que se yo. ¿Me juzgan por el bajón que tuve cuando lo que más amaba me fue arrebatado? ¿Por haberme ido de putas, emborracharme hasta acabar bajo un puente y entrar en cólera cuando un hijo de su puta madre me quitó lo que más quería? Y si no lo consigo, ¿me mandáis directo al infierno?. ¿Cuál será mi castigo en el infierno? ¿Reventar bebiendo?
  • ¿Por qué será que todos reaccionan así? – dijo a forma de chiste para los demás.
  • ¿Tengo pinta de bromear en algo? – dijo Johnny notando que su cólera iba en aumento.
  • En absoluto. Es la reacción de la mayoría de los que juzgamos. Su destino si no pasa la prueba, será que se pudrirá en el infierno. Su pena será que revivirá todo el destrozo emocional que significo el fin de todo lo que más amaba. La muerte de su mujer e hija. Al día siguiente, será lo mismo, y así todo el tiempo que dura la eternidad. Acumulándolo cada día, sufriendo por no poder haber podido hacer nada. Si cree que le va a gustar vivir así… Adelante.

 

 

            Volver a recordar toda la pesadilla del horror y el dolor de su muerte. Ver los cuerpos de lo que más amaba, el entierro, el homicida saliendo impune del juzgado…, sin poder hacer nada en absoluto.
             Todas las puertas se cerraron tras él. Era el final de su vida, demasiado para volver a sufrirlo de nuevo.

Acuarela VITRIA.                    

FIN

 

A. Alfonso L. Sala Baach

     
   
 
 
     
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